Al desfallecer sobre tu pecho
todo vuelve a comenzar, aquellos días
entregados a un pasar sin destino
a moverse sin voluntad, me tuviste
y me secaste lentamente, mi cuerpo
deshuesado arrastrando los sentidos
por debajo de la puerta.
Todo fue niebla, las palabras
ya no servían, el rebelde amanecer
se posaba ahogando las tentadoras
adicciones, junto con los últimos recuerdos.
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