Lujuria rondando sin causa,
te tiene, desaparece, se impregna
en tu subconsciente, corre por las
esquinas precipitando en todo los muros.
Ladrillos tropiezan en el suelo,
arriba abrigada la esfera, sombreando
la contagiosa inmensidad y a mi titilante destino,
que a insulta a la realidad y usurpando claridad.
¡Oh inmaculada Venus!, la espera y el desenlace
caen a tus pies, tu voz más allá del murmullo,
origen de amor y felicidad.